viernes, 17 de abril de 2026

JAVIER EDUARDO CHEESMAN JIMÉNEZ: PROFESOR E INVESTIGADOR

El padre Javier Cheesman Jiménez y el profesor José Ramón de Dolarea, los dos
primeros profesores de la UDEP


El primer Rector de la UDEP don Ricardo Rey Pólis, Miguel
Godos premio en los Juegos Florales en poesía y el padre
Javier Cheesman Jiménez.

523 (2010): 224-228 MECURIO PERUANO

Por: Nelly Trelles Castro

Universidad de Piura

Al maestro, con gratitud


El 25 de agosto falleció en Lima, el padre Javier Cheesman Jiménez, uno de los pioneros de la Universidad de Piura. Fue el primer profesor de  las asignaturas de Lengua y de Literatura de nuestra casa de estudios desde sus inicios, en 1969 hasta 1976, en que por motivos pastorales dejó la cátedra  para radicar en Arequipa. 

El padre Cheesman nació en la Provincia Constitucional del Callao en setiembre de 1929. Estudió en el colegio de La Recoleta, en Lima y realizó estudios superiores en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos, donde se graduó como doctor en Lengua y Literatura, en 1959, con  una tesis sobre la poesía de Abraham Valdelomar (1888-1919). Un año antes  había publicado una edición crítica de la Obra poética de Valdelomar, con un breve proemio de Luis Alberto Sánchez, quien fue su director de tesis.(1) El  padre Cheesman brindó la recopilación de toda la poesía del escritor con un  prólogo y notas aclaratorias, en un trabajo meritorio cuya autoría solo quiso  indicar apenas con sus iniciales. Valdelomar dejó escritas unas sesenta  composiciones poéticas, más dos trípticos, varios fragmentos y una versión editada por el padre Cheesman, añadiendo tan solo algunas notas o comentarios. 

(1) Asociación Peruana por la Libertad de la Cultura, Colección Literatura e Historia 1. Lima, Talleres Gráficos de P. L Villanueva, 1958, 127p. Posteriormente se publicaron:  Valdelomar. Cuento y poesía. Prólogo, selección y notas de Augusto TAMAYO VARGAS (Lima, Patronato del Libro Universitario, 1959, 234p.), y Abraham Valdelomar, Antología  poética. Selección y prólogo de Máximo Vílchez Gamboa, Trujillo, 1961, 58p. Hay dos  ediciones de las Obras de Valdelomar, preparadas por Willy PINTO GAMBOA (Lima, Editorial Pizarro, 1979, 920p.) y por Ismael PINTO, con prólogo de Luis Alberto SÁNCHEZ (Lima, Edubanco, 1988, 1430p.), que recogen a cada cual mayor cantidad de materiales  inéditos (ensayos, discursos, cartas), pero que finalmente recogen la obra poética en la traducción, la gran mayoría dispersos en periódicos del Callao, de Lima y de provincias, y en revistas, especialmente en Cultura Peruana, Variedades, Mercurio Peruano, Almanaque Peruano, e Ilustración peruana. Otros quedaron inéditos y el padre Cheesman los fue rescatando de entre los papeles del  escritor iqueño que se hallaban conservados en la Biblioteca Nacional, o que  guardaban sus familiares, especialmente su hermano Anfiloquio. La  repentina muerte de Valdelomar hizo que no hubiera tenido tiempo de publicarlos en un volumen, (2) y las ediciones anteriores de sus obras no  reunían más que las composiciones más conocidas.

Finalmente hay una edición monumental de las Obras Completas de Abraham Valdelomar, con prólogo, cronología, iconografía y notas de Ricardo SILVA-SANTISTEBAN (Lima, Ediciones Copé/Petroperú, 2000, 4t.), que corrige algunas falsas atribuciones,  repara omisiones y completa algunos textos poéticos que faltaban en la edición de 1958.  Ver Manuel Miguel de Priego, “Las Obras completas de Abraham Valdelomar”, en Hueso  Húmero, N° 38, 2001, pp. 143-159. 

(3)Durante su permanencia en la Universidad de Piura continuó con sus  investigaciones sobre Abraham Valdelomar, y en 1973 publica Valdelomar en Piura, número 7 de la colección Algarrobo, donde recoge las incidencias y actividades del escritor durante su estancia en Piura los meses de agosto y septiembre de 1918.4 Es un pequeño libro de 73 páginas en que el padre Cheesman trata, en once breves apartados, lo que significó para Valdelomar venir a Piura después de dos intentos: uno en 1910 cuando se enrola como soldado para combatir en el conflicto fronterizo; otro, en 1913, cuando tuvo  la oportunidad de pasar por las costas de Piura (y el puerto de Paita) rumbo a Roma. Este viaje por barco le sirvió a Valdelomar –sostiene el autor– para  recordar con añoranza su infancia en Ica. Después de cinco años, en 1918, recién Valdelomar puede venir a Piura y permanecer durante varias  semanas. 

El autor describe la larga permanencia del poeta en esta ciudad: el gran recibimiento que tuvo en la estación ferroviaria, su estadía en el hotel Colón, el apoyo que recibió de los diarios El Tiempo y La Industria. Aunque su interés era sobre todo político y cultural, y también intentaba buscar más temas literarios y en Piura escribe algunos poemas. 

En el apéndice don Javier Cheesman incluye los versos de “La plegaria del borracho”, aclarando que más que por un mérito intrínseco lo incluye “como un elemento revelador de una tendencia y expresivo de un determinado momento” (p. 63). Este poema había sido publicado en El Tiempo, el 5 de octubre de 1918 (p. 71). Además, ofrece una reproducción de la portada de su libro de cuentos, dedicado de puño letra al señor Simón Saona Boulanger, y firmado con su seudónimo “El Conde de Lemos”, en Catacaos. 

(2) Valdelomar publicó en vida tres libros: La Mariscala (1915), biografía de Francisca Zubiaga Bernales de Gamarra; El Caballero Carmelo (1918), con parte de su narrativa; y su ensayo Belmonte, el trágico (1918). Solo en la obra colectiva: Las voces múltiples (1916), incluyó diez poemas entre los que se encuentran: Tristitia, Nocturno, Luna Park, y La viajera desconocida. 

(3) Con anterioridad se habían editado: Abraham Valdelomar, Cuentos, poesía, ensayos. 

Presentación de Manuel BELTROY, Lima, Compañía de Impresiones y Publicidad, 1944, 32p. así como Obras escogidas, Lima, Ediciones Hora del Hombre, 1947, 236p., y Miscelánea literaria (en el 60 aniversario del nacimiento del escritor Abraham Valdelomar). Lima, Librería e Imprenta D. Miranda, 1948, 26p. 

(4) Valdelomar recorrió diversas ciudades del país dando conferencias. Ver M. MIGUEL DE PRIEGO, Valdelomar y su tiempo. Ica, Universidad Nacional San Luis Gonzaga, 1970, y ahora, del mismo autor: Valdelomar. El conde plebeyo, Lima, Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2000. 

Javier Cheesman había sido agraciado, en 1951, de una beca de estímulo a la investigación como miembro ordinario del Instituto Riva-Agüero. Viaja a España junto con otros dos jóvenes egresados: Abelardo Oquendo, también lingüista, y César Pacheco Vélez, historiador. 

Como bien lo ha mencionado Francisco Bobadilla, era “cultor de lenguas”, un verdadero políglota: sabía inglés, francés, por supuesto latín; y griego y hebreo. Poseía un gran dominio de lenguas vivas y muertas. El Padre Cheesman, como le llamábamos quienes tuvimos la suerte de tenerlo como profesor, enseñó Lengua y Literatura a las dos primeras promociones de la Universidad. Y Lengua Castellana I y II hasta 1976.  Cuando fui su alumna, muy lejos estaba de suponer que algunos años  después, sin mérito alguno, lo reemplazaría en el dictado de las clases. 

En sus clases conocimos a André Martinet con su libro Elementos de Lingüística General, de donde aprendimos que el lenguaje humano estaba “doblemente articulado” en monemas y fonemas. Leíamos todo el capítulo que se refiere a las características del lenguaje, para llegar a cuál es el  carácter específico de las lenguas naturales humanas, es decir, a lo que Martinet llamaba “la doble articulación”. También nos dio a conocer los trabajos de Edward Sapir y la Introducción en la lingüística teórica, de John Lyons.  Miguel Godos, periodista y escritor, quien también fue su alumno  menciona en un artículo recordatorio: El padre Cheesman nos enseñó de las páginas de la Gramática Española de Manuel Seco conocimientos valiosos de morfología y sintaxis; y a fuerza de su amable exigencia aprendimos ortografía. (5)

Recuerdo también sus comentarios de la Gramática de Andrés Bello y  del Esbozo de una nueva gramática de la lengua española. Era la época en que en lingüística eran muy conocidos los funcionalistas franceses, entre los que se encuentran los que he mencionado, pero también utilizaba los estudios de Amado Alonso, y otros más. Nos gustaba preguntarle sobre el origen de tal  o cual palabra. Por ejemplo, un día le preguntamos si premioso venía de premio. Con su característica paciencia y serenidad nos dijo que no, que ignificaba persona con dificultadas para expresarse, con poca facilidad de palabra. 

5 “El vuelo del Ángel”, publicado en diario Correo (edición región Piura), jueves 26 de agosto de 2010. 

En cuanto a la enseñanza de la ortografía, tenía una sistema muy personal y, para él, laborioso, pensando ahora en que en ese momento se  escribían aquellos esténciles en máquina de escribir y se “tiraban” en unos aparatos llamados linotipias. Era un trabajo muy laborioso, y meticuloso. El padre Cheesman había elaborado una separata de doce páginas, escritas por ambos lados, con las palabras más utilizadas del diccionario, empezaba por abacial y terminaba con zumo. Prácticamente, había trasladado el vocabulario del diccionario a esa separata. Nos inculcaba siempre ser muy cuidadosos con el uso del lenguaje. A que no usáramos una palabra si teníamos dudas de cómo se escribía. Nos hacía consultar el Diccionario de dudas de Manuel Seco o cualquier otro diccionario. Pero siempre aclaraba que la mejor manera de mejorar la ortografía era adquiriendo el hábito de la buena lectura. 

Escribió en 1975: “Reflexiones acerca del lenguaje (una introducción al estudio del castellano)”. Publicación muy importante para nosotros, y que pone de manifiesto, por un lado su preocupación porque conociéramos más sobre nuestra lengua; y por otro, su conocimiento sobre las teorías  lingüísticas existentes. Merece una mención especial este manual que comprende más de 150 páginas escritas también a máquina en hoja tamaño oficio, en donde recopila temas lingüísticos para facilitar a los alumnos el acceso a éstos. Las ideas que aparecen en sus “Reflexiones sobre el lenguaje” hasta la fecha gozan de vigencia. 

El manual era consultado por muchos alumnos por la claridad con que estaban expuestos temas fundamentales sobre el lenguaje humano. No sin antes dirigirse al lector –los alumnos– para aclararle que esos “apuntes” los había escrito “pensando en la dificultad que encuentras habitualmente en tus estudios”. El padre Cheesman no quería suplir el necesario recurso a los libros, pero sus apuntes son algo más que una simple introducción al manejo de las obras de consulta, y en muchos aspectos no han perdido actualidad. 

En el primer capítulo titulado Lenguaje y comunicación, nos habla en primera persona: “Vamos a considerar primero lo que entendemos por lenguaje. No como “modo de hablar”, sino como simple comunicación. Es un mundo extraordinario”. Es así como nos lleva casi de la mano por la naturaleza del lenguaje; el lenguaje de los animales; la intención de comunicación; los medios de comunicación; las lenguas naturales humanas, y el origen del lenguaje humano. Ve este tema desde su punto de vista de lingüista, por lo cual afirma: “No nos corresponde analizar el tema. Si un lingüista lo intentase sería un entrometido, salvo que fuera un experto en muchos campos del saber” (1). En el siguiente capítulo trata sobre la grandeza de nuestro lenguaje, considerándolo como uno “de los más grandes bienes que encontramos en el orden de lo creado, no solamente como vínculo práctico de comunicación social, sino también como medio eficaz para manifestar la riqueza espiritual del hombre” (4). 

Aunque las corrientes lingüistas del momento estaban influenciadas por el materialismo marxista, don Javier Cheesman tenía muy clara su concepción del lenguaje, coherencia que mantendrá a lo largo de todo el manual. Los siguientes capítulos llevan los siguientes títulos: Visión histórica de los estudios del lenguaje; La ciencia del lenguaje y sus relaciones; Relaciones entre elementos de una lengua; Visión histórica de la lengua castellana; Fonética acústica; Fonética articulatoria. También escribió una separata sobre los fenómenos suprasegmentales y dejó en manuscrito estudios sobre léxicología y semántica. Fue un gran profesor y una excelente persona. 

Miguel Godos lo ha descrito con finura: Cabello blanco una mirada apacible como el mar. Don Javier era dueño de una parsimonia conmovedora. Austeridad de vida y dedicación al estudio y al ministerio sacerdotal. (6) Qué duda cabe que la labor docente del padre Cheesman fue muy  importante en los primeros años de la Universidad de Piura, que fue, como  señala Francisco Bobadilla, “una etapa heroica de entrañables emociones y  anécdotas”, y en este sentido se hace más profundo nuestro agradecimiento: El padre Cheesman fue un hombre de Dios de un extraordinario talante humano. Esa semilla que ayudó a plantar en el desierto es hoy un frondoso algarrobo que cobija con serenidad a las inteligencias. A él nuestra evocación sincera y nuestra profunda gratitud. (7)

Le agradecemos sobremanera, todos sus exalumnos que tuvimos la gran suerte de tenerlo como profesor por insistir en el cuidado en el uso del idioma, por la paciencia infinita de ayudarnos desinteresadamente en el conocimiento de esta facultad maravillosa que es el lenguaje. 

(6) “El vuelo del Ángel”, art. cit. 

(7) Francisco BOBADILLA RODRÍGUEZ, “Javier Eduardo Cheesman descansa en paz”, artículo publicado en el diario Correo (edición región Piura), jueves 26 de agosto de 2010.