viernes, 2 de enero de 2026

PIURA EN TIEMPOS DE LA EMANCIPACIÓN

Doctor José Agustín de la Puente Candamo, abordó en la primera lección inaugural de
la Universidad de Piura el reflexivo tema histórico "Piura en tiempos de la Emancipación" 

 
POR: JOSÉ AGUSTÍN DE LA PUENTE CANDAMO

Nota: Discurso de Orden de la ceremonia inaugural de la Universidad de Piura y de apertura de su primer año académico. Piura,1 de abril de 1969

          Es grato en la vida dar testimonio de una realidad fecunda en sí misma, preñada de ilusiones.  Es el caso que vivimos en este crepúsculo luminoso de Piura, nos convoca la creación de una Universidad, y somos testigos del acto solemne de apertura de su primer año académico.

          Y el gozo, sin hipérbole, es una verdad múltiple.  Gozo e ilusión por la seriedad intelectual, por el espíritu de estudio y de trabajo; por dedicación a la vida universitaria plena; esperanza, en fin, en la formación de hombres con espíritu crítico, con jerarquía de valores, con virtudes morales. Y también gozo, porque esta universidad es obra dela iniciativa privada, y porque florece hay al amparo de la libertad de enseñanza que reconocen las leyes de la República.

          Demos, pues, gracias a Dios por la tarea que hoy en nombre de El aparece tangible en la vida de la inteligencia en el Perú.

          Creo que no es impertinente que en esta lección inaugural evoquemos el pasado de la ciudad y la región que albergan a esta casa y le dan nombre, cariño y apoyo. Acerquémonos, pues, a Piura, a su historia, y veamos su inserción en la historia del Perú.

          No es ocioso, asimismo, hablar de historia. La historia no es, como a menudo se piensa con error, una nutrida e incómoda relación de nombres, de fechas y de lugares; la historia es, muy al contrario, la afanosa lucha por comprender el pasado. El pasado que vive en nosotros como un elemento de nuestro propio ser, de nuestra propia realidad. Estudiar el pasado, es de algún modo, estudiarnos a nosotros mismos, conocer nuestro presente.

          HABRÍA muchas maneras de dibujar la imagen de Piura dentro de la historia del Perú. Podríamos pensar e sus hombres representativos, en los hechos ilustres de estos hombres; podríamos referirnos a la contribución de Piura al desarrollo económico del país; podríamos estudiar su producción agrícola, sus riquezas naturales; podríamos hacer un análisis de lo que ha sucedido en Piura en interrelación con el Perú. Todo ello es interesante; mas, pensemos desde otro ángulo; pensemos en Piura En el tiempo de nuestra independencia política.

          ¿Cuál es la imagen de Piura, de la ciudad y del campo, de las diversas poblaciones, y de todos los extremos de la ancha jurisdicción de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX? ¿Cuál su población, sus ciudades principales, sus caminos su producción, su paisaje?

          ¿Cuál su postura frente a nuestra independencia?    

          Entre otros testimonios son derroteros nuestros y compañeros en la reconstrucción, Hipólito Unánue, Jorge Juan, Antonio Ulloa, José Ignacio Lecuanda, Baltazar Martínez de Compañón, Hipólito Ruiz, Basilio Hall, y otros textos políticos de estos años: hombres de ciencia, viajeros, marinos de profesión, eclesiásticos.

          PARA el tiempo precursor, es Piura, en el orden administrativo y político, un partido en la Intendencia de Trujillo, en el Virreinato del Perú. Con Piura, pertenecen a la intendencia citada de Trujillo a más del cercado mismo de la cabeza del partido entre otros, Lambayeque, Cajamarca, Chachapoyas.

          En 1796, cuando Hipólito Unánue prepara su famosa Guía del Perú[i] , es Sub-delegado don Joaquín Rosillo, y la población del partido de Piura se descompone de esta manera: 44,491 habitantes; 2,874 españoles; 24,797 indios; 10,654 mestizos; 2,503 pardos libres; 884 esclavos. Regístranse, asimismo,61 clérigos y 18 religiosos.

          En el orden eclesiástico Piura pertenece al obispado de Trujillo, y hay en el partido doce doctrinas, y quince curas párrocos; y es el vicario en los años del despotismo ilustrado don Domingo Morales.

          En Piura, en la ciudad, hay una Iglesia Matriz, una de San Sebastián, que es parroquia de indios, una de Santa Lucía, y la de Nuestra Señora del Carmen, “que sirve de Colegio o Congregación a los Clérigos del Salvador”. Un convento de franciscanos, otro de mercedarios -también en Paita- y el Hospital Betlemítico.

          En el orden militar hay un batallón de Infantería, con cuatrocientas treinta plazas y es su  coronel en  las postrimerías del siglo XVIII don Manuel Francisco Carrión; un escuadrón de doscientos cuarenta plazas y su comandante don Manuel Báscones; un escuadrón de Chalaco de Piura, con tres compañías, doscientos treintaicinco  plazas y es su comandante don José López. Asimismo, son otras menciones, un escuadrón de Amotape, con tres compañías, doscientos cuarenta plazas, y es su comandante don Gregorio Espinoza, todos a los órdenes del Coronel de Infantería don Manuel Francisco Carrión.

           La profunda vinculación geográfica, comercial, humana, entre Piura, Guayaquil, Quito y puntos intermedios, vívese con intensa significación militar y  política en los años de Abascal y de Pezuela. Organizase una división volante con un batallón de seiscientas plazas, cuatro piezas de artillería, y un escuadrón de caballería al mando del Comandante General de la Costa, D. Vicente González y con el Teniente Coronel D. Joaquín Germán y D.  José Mario Casariego, como lo recuerda Paz Soldán.

           Tal es la situación externa, fría, administrativa, del partido de Piura, jurisdicción en el norte del Perú hasta Lambayeque. Importa ahora considerar algunas notas sobre la vida de este partido y sobre la imagen que de él obtienen los viajeros que recorren sus términos.

             Una mención a las comunicaciones: aparte de la marítima, el correo general de la carrera de valles sale de Lima los días ocho y veintitrés por la noche; y llega a Lima los días cinco y veinte, de cada mesa. Hay veinte postas y son doscientos cuatro leguas entre Lima y Piura. Es interesante, para tener una imagen de la geografía; y de la ruta de la época de la independencia, mencionar algunas de dichas postas desde Piura, rumbo a Lima: el despoblado de Sechura, Lambayeque, Pueblo Nuevo, San Pedro, Paiján, Trujillo, Moche, Virú, Santa , Nepeña, Casma, Huarmey, Pativilca, Barranca, Huaura y Chancay.

             Jorge Juan y Antonio de Ulloa [ii], que a mediados del siglo XVIII recorren nuestro territorio dentro del proyecto de medir algunos grados del meridiano terrestre, y para realizar observaciones astronómicas y físicas, proponen una imagen realista, si sie quiere gráfica, de Piura y su contorno. Subrayan primero las grandes dificultades del viaje por problema de la orientación, y porque  se borran las sendas del camino en la inmensidad sin contornos del arenal, “pues mudando el viento los médanos o montes de arena, que pudiera servir de señal borra las sendas, no queda más arbitrio de gobernarse que por el oriente del Sol, si es de día, o si es de noche por algunas estrellas”[iii]

            Al recorrer rumbo a Lima el despoblado de Sechura, insisten los viajeros en la dificultad para mantener el rumbo. “Lo igual, y unido de este llano, su espaciosa distancia, y la facilidad de borrarse el camino por la inconsistencia del suelo, hace que pierdan la senda aún los más prácticos: pero su habilidad consiste en tales ocasiones en volver a recobrarla [iv]

            Un medio es “llevar el viento de cara cuando van hacia Lima, y al contrario al tiempo de volver; porque reinando constantemente los vientos sures, están seguros de no aparecer engañados con esta regla”[v]. Otra forma, “coger arena en distintas partes, y olerla, pues por el olfato se distingue si es, o no, por allí la vereda”[vi]. Y, en fin, “los que se hayan con suficientes prácticas de tales sitios corren muchos peligros si rendidos del sueño o del cansancio se arrastran y se paran; pues cuando vuelven, se ven sin poder deliberar en la derrota que han de seguir ([vii])

             Aleccionador el detalle que presentan  Juan y Ulloa sobre el problema del cambio de agua durante los viajes, especialmente en las zonas desérticas: hablan de las “mulas cargadas de agua, con que se dan de beber en su medianía a los que llevan las cargas. El modo de conducirlas en unos calabazos o tumas muy grandes para cada cuatro mulas de carga, una de agua, y otra para las dos de litera. Cuando van a silla, las llevan en ellas mismas los jinetes en unas alforjas grandes hechas para este fin; y cada uno de los pasajeros, sea en litera o cabalgadura, se provee de lo que hay en el camino porque no solo no lo hay en todo él pero no se ve otra cosa más que arena, médanos que hace esta con el viento, y a trechos piedras de sal, sin encontrarse rama, yerba ni otra cosa verde”[viii]

          La ciudad de Piura se le menciona sentada en un llano de arena, de mediana extensión, “que por regular no tienen alto” [ix]

          La presentación e indumentaria de los indios se distingue en parte de las de Quito: “Es un anaco que les arrastra por el suelo más ancho que en el norte; lo sujetan a la cintura, es sin mangas y para andar lo suspenden un poco y no lo recogen debajo de los brazos. Cúbrense las cabezas con unos paños blancos de algodón, bordados o labrados en el telar, con otros colores, con la circunstancia que las viudas lo usan negro” “Distínguese por el modo de peinado lo estados de cada una, porque las solteras y viudas dividen el cabello en dos trenzas, una de cada lado de la espalda; y las casadas lo recogen en una: son trabajadoras y su común ocupación es tejer servilletas, u otras cosas semejantes de algodón”. “Los indios visten a la española”; y añaden nuestros viajeros que por naturaleza son altivos, muy recionales y sus costumbres algo diversas que las de Quito. Los indios expresa otro viajero, “son muy humildes, expertos y laboriosos”.

Numerosos testimonios enaltecen la naturaleza de Piura: contiene “tantas preciosidades, que las conocen pocos”.

          Lecuanda, en investigación personal, o con los papeles de Martínez de Compañón, estudia con detalle gracioso o analítico, los animales y los frutos de la región.

          Del reino animal menciona al ante o gran bestia de las zonas selváticas; las variedades de osos; el jabalí, “ el animal montarás más abundante del partido”; las tarugas, variedad de venados; los tigres; las ardillas; los leones, distintos de los africanos, y que habitan en los montes de Tumbes.

          Vale una mención, para integrar el paisaje piurano, al pájaro carpintero; al paujil, semejante al pavo; el Guerequeque. Y los halcones, el cóndor “corpulento y glotón”; las cuculíes; los papagayos y periquitos; y “la bien gobernada república de las abejas volátiles”[x]

         Entre los peces: el tollo, “que abunda mucho en  la cosecha que empieza desde San Pablo hasta Navidad”; el tambor, de color verde y con bellas manchas; el churucutula, sin escamas y con piel muy dura; el bagre, de color azul en el lomo; la tintorera el berrugate, el pulgal, el cabezudo y las corpulentas ballenas, tan vinculadas con el desarrollo económico del tiempo de la independencia, que bien estudia Unanue: y el pámpano, el pumalán, el volador, el lobo marino y la langosta.

          Del mundo vegetal, los árboles madereros de la amplia  jurisdicción de Piura, de los años de la independencia: el cedro, el bojo; el olivo; el lloque colorado¨: el alizo; el solemne e incorruptible algarrobo; la chontilla o boba; el roble; el cocobolo “solidísimo” y para ricos muebles; el lúcumo; el palillo; el guayacán: “cuya, madera es olorosa y dura”; el tamarindo, según Lecuanda “muy grato al paladar y bueno para refrescar la sangre”; el molle con el sauce, habituales en la costa y quebradas bajas. Y el árbol de la cascarilla, “el mejor febrífugo para las tercianas”; el palo santo; el arrayán; el pequeño cardo santo, y tantas yerbas y hojas de diversa virtud.

           La vida económica se concentra en el algodón, en el pabilo o hilado que se vende en Loja, Cuenca y Quito; en el cuidado de las cabras que se tratan en Lambayequ y otros lugares, o de las que obtienen cordobanes, y con el sebo, jabones, con mercadoen Guayaquil, Panamá, Chile; en la crianza de mulas, las más finas y mejores del Perú”. Y de los asnos, que según Lecuanda se venden  por “planta, color y edad”; en las transacciones de cascarilla; en el añil; en la cera, en las maderas; en el toyo, que se vende a tres pesos por cada ciento”.[xi]

             Y es Piura un centro comercial muy valioso en las postrimerías del virreinato. Véndense mercaderías importadas.

             “Es apreciable la lencería fina y corriente de todas clases: se consumen muchas bayetas, paños manfores, carros de oro, chamelotes, y otros de lana: tienen expendio las zarzas, y toda especie de lienzos pintados. E cuanto a sedas,  se gastan con abundancia los tafetanes dobles y sencillos, las anafayas, y medias de hombre y de mujer, redecillas, gorros, pañuelos, y mucha cintería ya de Francia, y de Sevilla: otros efectos como son espolines de diversos colores, algunos rasos, y otros que compran los mercaderes en Lima, que es donde se abastecen para aquí y para todo el Reyno, según los gustos que con práctica conocen en los habitantes de aquellos territorios” [xii]

          Y véndense, del mismo modo, bayetas de Quito, lienzos de algodón de Cuenca y Loja, aguardiente de Pisco y de Ica, sombreros de paja, cacao.

          Y en aspecto del movimiento económico parte principalísima corresponde el comercio que se realiza por Paita.

          Sin desdeñar la importancia de otras ciudades piuranas, en este esquema de la Piura de los separatistas vale una breve referencia a Paita.

          Ciudad pequeña, en las palabras de Alcedo[xiii] pero una de las mejores bahías de la costa del Pacífico, no tano por su forma geográfica cuanto por la facilidad para el movimiento de los buques: “la población está situada en un terreno arenizo que n o produce yerba alguna, ni una sola gota de agua dulce, que la llevan del pueblo de Colán, y aunque es blanquizca, y de mala vista, dicen que es muy sana por correr por un bosque de zarzaparrilla, y bien impregnada de las virtudes de esta planta; la conducción la hacen en balsa; igualmente traen maíz, aves y demás frutos para las embarcaciones, pues allí solo hay algún ganado cabrío y mucho pescado, especialmente tollo que cogen con abundancia, y seco lo envían a vender a las demás provincias que lo usan en lugar de bacalao; las casas son bajas, y las paredes de tierra y cañas, a excepción de la casa del Corregidor, la Iglesia Parroquial y un convento de la Merced, que son de piedra”.

          Paita está vinculada con la independencia por muchos caminos; desde muchos ángulos. No sólo por su importancia económica; no solo por el permanente problema del ingreso de los corsarios y la necesaria defensa del puerto que enfatiza Pezuela; no sólo por la función valiosa de propaganda que se pretende introducir en los cruceros patriotas. Paita sigue siendo de alguna manera la primera puerta septentrional del Perú, que don Ricardo Palma evoca en sus Tradiciones.

           Hay que mencionar la Iglesia de Nuestra Señora de Carmen, destinada para los regulares de la extinguida Compañía de la provincia de Quito que habían fundado  colegio. El marino Hall   deja un “puntual relato de su visita a Paita en 1821”.

            Los pueblos principales de la jurisdicción de Piura en tiempo de advenimiento de la patria, son la ciudad principal y cabeza, con Sechura, con Paita, Huancabamba, Tumbes, la Punta, Morropón, Colán, Amotape, Sondoriyo, Sondor, Asiento de Chalacos, Frías, Cumbicus.

            ES frecuente concebir desde Lima el estudio de nuestro proceso separatista, dentro de una imagen unilateral del fenómeno. Este planteamiento es erróneo, no solo por incompleto, sino porque no ofrece la verdadera realidad intrínseca del hecho de la emancipación del Perú. El proceso revolucionario no es limeño, sino integralmente peruano, de Tumbes a Tarapacá, y de Lima a Puno. Es un fenómeno que, en frase de Túpac Amaru, pertenece a la gente peruana; es decir, en el pensamiento del cacique mestizo, a la gente que ha nacido en nuestro territorio.

            Vale, pues, en esta tarde que inauguramos una universidad provinciana, que exaltemos el valor de la provincia peruana en el fenómeno de la independencia. Y ésta no es una exaltación vacía y simplemente laudatoria. Es real, exacta e todas sus dimensiones, la participación de las provincias, con Lima, en el quehacer separatista peruano.  Recordemos algunos nombres. Y pensemos solamente en las actitudes de los precursores del siglo XIX. En Huánuco la rebelión de1821, con Crespo y Castillo; en Huamanga los incidentes que le permiten decir al sub-delegado Pruna que la rebelión noes contra el mal funcionario sino de verdad contra la autoridad misma del Rey; la rebelión de Pumacahua en 1814 que conmueve la raíz misma del virreinato y es el único movimiento que pone en peligro la autoridad de Abascal, que tiene efectos clarísimos en el Alto Perú y en todos los extremos de la América austral, y que permite  al oidor Pardo Rivadeneyra subrayar  la profundidad  del levantamiento en el cual más tarde moriría Melgar; las dos rebeliones de Tacna de 1811 y la de 1813.vimculadas ambas  con Buenos Aires y en las cuales aparece la bandera de las provincias del Plata; los levantamientos de Tarapacá, provincia peruana de siglos, los movimientos de Huaraz y de tantas y tantas provincias que sería largo mencionar y que en diversas fechas y en distintas circunstancias anuncian su voluntad de rebelión.  

          De otro lado, no es raro escuchar objeciones de este orden: que la independencia peruana es obra   exclusiva de un grupo selecto de criollos, de nivel universitario, que de alguna manera por su categoría intelectual y su prestancia social y humana imponen al común de los peruanos una fórmula política y una esperanza social en la cual ellos mismos ven un beneficio concreto y de la que el resto de los peruanos no tiene una idea cabal. Piénsese, así, en una independencia obra de un minúsculo sector de peruanos. Este planteamiento también es erróneo. Es verdad que todo hecho histórico, aquí y en cualquier extremo del mundo, precisa de un dirigente o un grupo de dirigentes que lo lleve adelante, más, esto no significa que la sociedad dirigida se inerte, inconsciente o mero objeto de una imposición.

          Y es más, en este fenómeno hay hombres de todos los estratos sociales, razas y profesiones. No es cierto que pueda hablarse de una imagen clasista de la independencia del Perú. No existe un grupo social que esté con el rey, o con la patria, de una manera maciza o inequívoca, salvo los esclavos que por la esperanza en su libertad personal se adhieren de una manera casi total al propósito separatista. Según el ambiente personal y familiar, según la profesión, y sobre todo según la íntima vocación que brota de la conciencia, está cada peruano con el rey o con la patria. No es sólo problema de generaciones en el cual la generación de los padres esté por fidelidad al   monarca y la generación de los hijos por la fe en el nuevo país. Entre los mis os hermanos hay división clarísima que subraya ese carácter moral irrevocable del fenómeno de la emancipación. Procede aquí un alusión breve  a la famosa anécdota que recoge Miller en sus bellísimas Memorias cuando recuerda que minutos antes que se produjera la batalla de Ayacucho, Sucre y Canterac postergan la iniciación de las acciones y en un momento de gran emoción conversan unos minutos, para despedirse y abrazarse, los hermanos, los parientes y los amigos que se encuentran en diversas trincheras en la acción decisiva de la independencia.

          Subrayemos, pues, esta tarde junto con el valor provinciano, vale decir con el valor peruano total de nuestra independencia, es otro valor humano general que reafirma la libertad del hombre para decidir las actitudes en función de los dictados de la propia conciencia.

          Y hay algo más que ha destacado con vigor y con acierto Víctor Andrés Belaunde en su sólido libro sobre La Constitución Inicial del Perú ante el Derecho Internacional. Evidentemente, en la formación de nuestra nacionalidad se reafirma el principio de libre determinación de los pueblos como fuente de soberanía.  Es el caso de pequeñas agrupaciones humanas que ratifican la voluntad separatista y simultáneamente manifiestan su propósito de continuar unidas al Perú. El Perú independiente nace, esto enaltece la gestación de la república,  o como fruto exclusivo de una hazaña militar, no como una obra genial de un caudillo; la república florece, la república se alumbra, bajo esa proyección de libertad de la persona en la doble vertiente: libertad del hombre para decidir la vocación que fluye de su conciencia, y libertad de los pueblos para expresar a que nacionalidad pertenecen, a que estructura jurídica superior desean vincularse definitivamente.

          La independencia del Perú es la progresiva convocatoria de voluntades personales, y de pueblos y de ciudades, y de provincias, creadora del posterior triunfo militar y de la estructura política.

          Sin comparaciones regionales, que serían pueriles es un hecho cierto que el norte del Perú, de Chancay a Tumbes, significa desde 1820 un insustituible apoyo de hombres, de dinero, de medios de guerra, y por encima de todo, un apoyo espiritual de aliento y optimismo.

          Cochrane, Monteagudo y San Martín, enaltecen la tarea de hombres anónimos y de personas directivas: sean los pescadores que reciben los mensajes de los espías de San Martín; sean los vecinos que colaboran con los cruceros de Cochrane; sean las donaciones de dinero y de especies; sean los voluntarios que se unen en la primera hora, como nuncios de la adhesión comunitaria posterior.

          En el norte, Piura sigue a Lambayeque y a Trujillo en la proclamación de la independencia. Y no debe olvidarse que Lima continúa en poder del virrey. Es luminoso ver nuestra independencia, como antes se dice. En esa suma de ciudades y provincias que con gozo y riesgo dicen su fe en la nacionalidad.

          Al amanuense de la oficina de correos de Piura D. José María Arellano[xiv]  le debemos la pormenorizada relación de los sucesos del cuatro de enero de 1821, día de la independencia de esta ciudad y partido.

          El día tres. “como a la diez del día” llegó el correo de Trujillo con despachos de Torre-Tagle, que piden la adhesión a la independencia, luego del pronunciamiento de Trujillo. El despacho dirigido al cabildo debía abrirse en “presencia de todo el pueblo”

          Luego de los diálogos difíciles, se produce la intervención de Casariego, comandante del Batallón de Línea, quien afirma que es aislado el movimiento de Trujillo, y prepara, al grito de “viva el Rey”, las fuerzas de los cuarteles de la Plaza y del Carmen, ubica cuatro piezas de artillería de a dos con mechas encendidas en las bocacalles de la plaza, y en la misma actitud preparó un piquete de caballería. “Como a las diez de la noche -son palabras de Arellano- se pusieron carteles en las equinas convocando al pueblo para las 8 de la mañana del 4, para la apertura del pliego remitido del Gobierno de Trujillo a la Municipalidad, señalando al efecto el Convento de San Francisco por ser el punto más independiente y separado de los cuarteles”.

          Sigue el relato de Arellano;

          “En estos trabajos, rayó el Sol del memorable cuatro de Enero, anunciando con su fuertes resplandores la gloria de que había de cubrirse el pueblo piurano en este tan peligroso como fausto día y trasmitiendo su extraordinario calor del que necesitaban los pacíficos corazones de los piurano, para conseguirlo en la primera vez que se presentaban a una empresa tan ardua y arriesgada, y que recordarán siempre con orgullo”.

           Es bello y grave el testimonio de la asamblea, el debate sobre la presencia de la tropa y demás aspecto de la reunión.

          “Leídos estos documentos, -continúa el texto- se invitó a todos los concurrentes a que particular o generalmente, expusieran si querían o no plegarse al movimiento de  Trujillo; el pueblo trepidó unos momentos quedando en un profundo silencio que apenas se percibía la respiración de los concurrentes; pero vuelto a preguntar por el mismo Sr. Diéguez, contestaron por unanimidad que se unían en todo al pronunciamiento de Trujillo adoptando desde ese acto el sistema proclamado por el Intendente del Departamento y protegido por el Ejército Libertador en Huaura, a cuya aterrante voz para los españoles contestaron las campanas del Convento de San francisco, con un repique que más luego se hizo general”

            Y Piura, ofrece más tarde dinero y hombres a la causa de la Patria, y en Pichincha, que confirma nuestra hermandad con la causa separatista de Quito, piuranos sirven a la Independencia de América en la división nuestra de Santa Cruz, vencedora en la gran batalla.

            El acto de San Martín en Lima, el 28 de Julio de 1821, es expresión de los pronunciamientos provincianos, como el de Piura en la mañana del 4 de enero de 1821.

            Este el fundamento autentico, natural de la emancipación del Perú: la voluntad del pueblo que San Martín respeta y de la cual quiere ser interprete fiel.

            Piura es así, a la hora de la Independencia, una ciudad costeña, original y mestiza.  Con casas, muebles, comidas, vestidos y recuerdos, que hablan en armonía de la colonización hispano, indígena, africana, creadora del alma de la Patria. A menudo se piensa -como lo han recordado Belaunde y Basadre- en lo político y económico del virreinato, y se olvida la virtud creadora de una nueva sociedad, fruto del hombre incaico, del español  y del africano.

             La vida en común durante la colonización española es creadora de un nuevo tipo de hombre y de comunidad; la forjadora de la nacionalidad, fundamento y legitimidad de nuestra independencia.

             ESTA Universidad particular que amanece ahora a la sombra de la historia de Piura, recibe de los siglos el mensaje integrador del hombre mestizo y de la forma mestiza de vida, nervio y raíz del Perú; y de las horas de dolor de la República recibe la enseñanza de Miguel Grau, quien vive el heroísmo con naturalidad, corolario del austero, del invariable cumplimieto del deber, por quien entiende que el sufrimiento acrecienta y perfecciona al hombre y a la sociedad.

             Respetar y amar la tradición, la historia nacional, no es un anacronismo, ni ciega apología, ni desconocimiento de errores, ni evasión de la hora presente que con alegría debemos vivir; es, sí, ancha imagen de la patria, culto a los recuerdos de familia y afirmación de la comunidad unitaria del Perú, que debemos enriquecer y cultivar.

             El desarrollo integral del país, que no es asunto exclusivamente económico, y que es también tarea de todos los peruanos, debe conservar, iluminar y fortalecer la esencia mestiza y cristiana del Perú, entraña y guía orientadora de nuestro porvenir.  

          

        

 



[i] José Hipólito Unanue, Guía política eclesiástica y militar del Virreynato del Perú para el año de 1796.Lima, Imp. Real de los Niños Huérfanos,1796.

[ii] Jorge Juan y Antonio de Ulloa, Relación histórica del viaje a la América Meridional, Madrid, Antonio Marín,1748, t IV.

[iii] Ibid. t.III, p.11.

[iv] Ibid. t.III, p.18

[v]  Ibid. t.III, p.18.

[vi] Ibid. t.III, p.18

[vii] Ibid. t.III, p.18,19 .

[viii] Ibid. t.III, p. 17.18

[ix]  Ibid. t.III, p.12.

[x]   Ibid. t.III. p.16 y 17.

[xi] Lecuanda, José Ignacio, Descripción Geográfica del Partido de Piura. En: Mercurio Peruano, Ed. facsimilar t.VIII, N 263, del 11 de julio de 1793.

[xii] Ibid.

[xiii] Antonio de Alcedo, Diccionario Geográfico-Histórico de las Indias Occidentales, Madrid, Imp de Manuel González,1788. T.IV-pp. 15-16

[xiv] José María Arellano, Independencia de Piura. En: Prosistas piuranos. Selección de Rómulo León Zaldívar. Lima, Primer Festival del Libro Piurano,1958, pp. 7-17