domingo, 9 de octubre de 2011

EL INCA TUPAC YUPANQUI Y LA INCORPORACION DE HUANCABAMBA Y AYABACA AL IMPERIO DEL TAHUANTINSUYO



POR: ALFONSO VÁSQUEZ ARRIETA

Entre nosotros (los piuranos), no se ha estudiado el origen y desenvolvimiento de nuestras culturas prehispánicas. No ha surgido, todavía, del seno de nuestra tierra, el arqueólogo, el lingüista, él historiador que nos revele la grande de nuestro pasado. Los notables investigadores del antiguo Perú, extranjeros y nacionales, no se han consagrado al estudio de las culturas de la costa y sierra piuranas.

Actualmente, superviven todavía a la acción destructora del tiempo y de la acción de los hombres, numerosas huacas en los valles del río Piura y del Chira, las cuales vienen siendo destruidas progresivamente por el tractor en el afán de ganar nuevas áreas de tierras para el cultivo del algodón y del arroz. Estas huacas, en el Medio Piura, asoman como pequeñas protuberancias en la superficie plana del terreno, siendo abundantes en las haciendas "Huápalás" y "Pabur". En el Alto Piura, el viajero acucioso descubre estas huacas o santuarios, a la vera de la carretera que conduce a la sierra, como elevados montículos, alcanzando hasta una altura de 10 metros, como se puede apreciar en la hacienda "Serrán", especialmente en el anexo llamado "Las Huacas", en atención a la gran cantidad de huacas existentes, la mayor parte inexploradas. En el valle de Catacaos, aún subsisten vestigios de remotas poblaciones.

En la Sierra, en la Provincia de Huacabamba, existen ruinas de pretéritas poblaciones, corno las de piedra que se encuentran en "Chulucanitas" (Distrito de Huancabamba), Huarmaca y cerro "El Buitre" (Canchaque); vestigios de dos templos o palacios en "Jicate" (Distrito de Huancabamba), etc. En la Provincia de Ayabaca, también existen ruinas de una ciudad de piedra en "Aypate" (Distrito de Ayabaca).
Ahondando en el estudio de la alfarería piurana, tanto de la costa como de la sierra, pues hay valiosas muestras en colecciones particulares, principalmente; interpretando la toponimia, preferentemente la de los lugares de la sierra, podríamos tener una idea aproximada de lo que fueron nuestras primitivas civilizaciones.

II
En este terreno, tiene para nosotros los piuranos una significación de gran trascendencia el paso del rey Túpac Inca Yupanqui por las provincias de Huancapampa y Ayahuaca y, asimismo, las conquistas posteriores de los valles de Sullana y Tumbes por otro emperador del Tahuantinsuyo: Huayna Capac.

Túpac Yupanqui, el hijo de Inca Yupanqui, fue el undécimo Inca. Guamán Poma de Ayala y el padre Bernabé Cobo, sostienen que fue el décimo. Y Garcilaso Inca de la Vega, afirma lo primero, en lo que están de acuerdo nuestros historiadores. Este Inca, partió de Cajamarca, procedente del Cusco, con 40 mil guerreros, con el fin de conquistar la nación Chachapuya, de gran renombre en esa época, densamente poblada, habiéndose calculado su población en una cantidad no menor de 40 mil habitantes. Esta tierra de hombres fuertes, conforme se desprende de su etimología, y de mujeres muy hermosas, fue ganada al imperio incásico, por la tenacidad desplegada por las tropas del Inca, ante la resistencia de sus moradores, que no acataron el llamado que se les hizo para un sometimiento pacífico pues deseaban conservar su libertad, prefiriendo antes la muerte. El ejército del Inca, apoderándose de inexpugnables fortalezas, soportando los rigores de inclementes nevadas, venció a los irascibles y valientes chachas, mandando después, una parte de su ejército, a reducir la provincia de Muyuipampa (Moyobamba),cuyos habitantes, conociendo lo estéril de la resistencia de los chachapuyas, se rindieron fácilmente.

III
Logrado este último, objetivo, Túpac Yupanqui, con el advenimiento del verano y ya repuesto su ejército de las cruentas contingencias de la lucha anterior, se encaminó a la provincia de Huancapampa, familiarizado con montañosos caminos, recorriendo posiblemente la misma ruta que hoy recorren quienes a lomo de mula unen estas dos regiones. Para esta nueva empresa, presidió un ejército de igual proporción numérica a la del que invadió las provincias antecitadas.

Huancapampa, resulta de la composición huanca y pampa. Huanca o Wanka, significa: peñón; y pampa, suelo llano, extensa superficie de tierras cubiertas de pasto. Y es que Huancabamba es una zona demarcada por una cordillera surcada por numerosos y escarpados peñones que abrigan zonas extensas de llanura de variados climas.

El Inca quedó deslumbrado ante la extensión de mi provincia y su población de gran volumen, pero de diferentes razas y lenguas» No existía unidad política, económica ni religiosa entre los huancapampas. Reinaba entre sus "naciones” una división completa; vivían en constante agresiones internas, mas no porque un señor quisiera imponer su autoridad a la de otros, ni por arrebatarles sus "haciendas", ya que estas no existían, sino, probablemente, por imponer la bondad de sus creencias religiosas, porque eran muy pródigos en sus idolatrías; unos adoraban animales, felinos preferentemente, otros aves, plantas ríos, lagunas, cerros, lo que no debe ruborizarnos por cuanto estos dioses fueron comunes a todos los pueblos que conquistaron los Incas.

Entre las aves, debieron adorar el "kuntur" y al halcon ("huamán"). Basta recordar que entre los chachas encontraron un pueblo "Kunturmarca", (la ciudad del cóndor), que veneraba al cóndor.

En esta época o con el advenimiento de la cultura incaica, barruntamos que, entre otras estrellas, veneraron a aquella que se conoció en plena vigencia del Imperio con la denominación de Machahuay o Macchakuay (culebra), porque entendían que ella propendía a la conservación de las culebras y serpientes, las mismas que les servían en ocasiones como armas y que las veneraban, además, para que no les hicieran daño. La supervivencia del apellido Machacuay, entre los actuales indígenas de la provincia, nos lleva a este convencimiento.

Entre los huancapampas, asimismo, presumo reinó el culto al dios Huari, pues cerca de la capital de la provincia existe la Comunidad de Indígenas, oficialmente reconocida: Huari-Kancha, vocablo que quiere decir: el templo de la vicuña o de un dios misterioso del viento o de las cordilleras, que llamaron, en otras latitudes: Huari.

Tengo la evidencia, aunque ningún cronista lo ha relatado, que alguna "nación" de los huancapampas. estuvo consagrada al culto de la divinidad Pariakaka. Divinidad, costeña que se presume perteneció al cuito de los "huallas" o yuncas de los valles de Lima, así como al de los "Huanchos" (de ascendencia aimara), tribus que impusieron este Dios en toda la zona andina de Lima. Esta evidencia, se corrobora con la existencia del cerro "Pariakaka" en las inmediaciones de la ciudad de Huancabamba. A esta divinidad y a fas otras que adoraron los huancapampas, debieron ofrendarles sacrificios humanos y de pacochas (llamas blancas). En Huancabamba existe un lugar denominado Jacocha corrupción, sin duda, de pacocha. Esta, práctica de los sacrificios se acredita además, con la existencia de morteros descubiertos en excavaciones realizadas en los alrededores de la ciudad de Huancabamba. En ellos se recibía la sangre proveniente de los sacrificios. Tengo un Maray de estos, de consistente piedra, que es una verdadera obra de arte.

Entre las constantes luchas que protagonizaban entre sí los huancapampas, los vencedores arrebataban, como premio, a las mujeres e hijas de los vencidos; y, los varones, se comían entre ellos.

Por esta situación, por la desorganización imperante en estas tribus, la conquista de los huancapampas se operó con mucha facilidad, no ofrecieron resistencia, huyeron despavoridos a los bosques y regiones frígidas, guareciéndose en las cuevas; algunos murieron de hambre, otros por no correr idéntica suerte acabaron por sujetarse a la autoridad del Inca.

Posesionado el Inca de los huancapampas, ordenó a sus ingenieros la apertura de canales, la enseñanza de la agricultura; se preocupó de vestirles con trajes de algodón y lana, pues que vivían desnudos en su mayor parte. Implantó el culto al Sol, mandando levantar un templo para el Sol y casa de escogidas (Vírgenes del Sol), Asimismo, debió edificar un palacio para él, sus capitanes y para sus consejeros, porque era costumbre de estos señores no habitar por mucho tiempo en casa de sus vasallos.

En Jicate, en medio de una extensión plana de tierras, existen actualmente unos cimientos de piedras que debieron servir de base a un palacio de forma rectangular construido de adobe. Y en "Vado Grande", 2 km, más arriba, existen todavía, dos compartimentos espaciosos de adobe, divididos por un gran postigo, cuyas paredes tienen 3 metros, más o menos, de altura y su área es la que tiene nuestra Plazuela Merino. Los muros de piedra pequeña, magníficamente tallada, sobre la ribera derecha de una quebrada, tienen una altura dé 1.30 mts., aproximadamente; de superficie externa liza, que afecta diferentes formas geométricas, dominando la cúbica. Sobre la derecha de los compartimentos, se levanta un cerro poco rocoso.

El palacio del Inca, debió ser el de Jicate y el Templo del Sol y casa para las escogidas o esposas del Sol, el de Vado Grande, porque tratándose de la construcción de Vado Grande, así nos inducen a pensar sus escalinatas, que son. También, de sillares de piedra tallada, delante de las cuales hay una área de tierras que debió servir de escenario a la festividad del Intiraymi.

El origen incásico de estos edificios se deduce por las características de los cimientos y por el adobe grande que emplearon en las paredes, adobes unidos con una argamasa gruesa. Guarda similitud esta técnica arquitectónica con, la del Templo al Sol que los Incas levantaron en Pachacámac.

La mayor parte del templo de Vado Grande, ha sido destruida por la ambición del cultivo, y sería muy sensible que destruyeran las habitaciones que aún quedan, peligro que deben despejar los funcio¬narios encargados de la conservación de estas reliquias históricas.

Dotó también el Inca a los huancapampas, de sacerdotes y personas versadas en el conocimiento de las leyes y costumbres imperiales. Les prohibió comer carne humana, amenazándolos con la pérdida de la vida y destrucción total.

Para facilitar está portentosa obra de adoctrinamiento y el desarrollo de un buen gobierno, el Inca se esforzó por aglutinar en pueblos a sus flamantes súbditos, porque vio que estas gentes se encontraban muy diseminadas. A esta época remontaríamos el origen de los actuales Distritos: Canchaque, Huarmaca y Sondor, así como el de algunas aldeas campesinas que aun existen, como Cachsa-koto y Pariamarka, entre otras, cuya traducción hemos creído conveniente hacer, para una mayor ilustración.

CANCHAQUE.- el distrito más visitado y admitido por quienes aman el paisaje, el clima y el agua golpeada de las vertientes, para algunos entendidos en quechua, fue el lugar donde llegaba el chasqui. Para mí, un profano en esta materia, tendría distinta significación: Kancha, se traduce por patio, lugar o espacio, cercado, ámbito para deportes o espectáculos, redondel de coliseo, muralla, corral sagrado o para ganado; y chaqui: pie. A primera vista, hoy, el floreciente distrito se ofrece al observador como una espaciosa ensenada enverdecida por un bosque de naranja y cafetal, cercado en su altura izquierda y por la cabecera de cerros, en tal forma, que parecen haber sido dispuestas por la mano prodigiosa de un artífice. En el pie por donde se penetra al pueblo, la carretera, incrustada en la roca, y una quebrada, se estrechan entre dos elevados peñones lindantes con el fundo "La Afiladera". A esta configuración sui-géneris, debería, en mi opinión, su nombre, este pueblo de belleza sin par.

HUARMACA.- de cercano parecido a Canchaque, y colindante con éste, significaría, para unos: zona de servidumbre. Haruma dicen, es servidumbre, y ka: zona. Mas, según Diego González Holguín, Huarma: es muchacho y huarmi: mujer chica o grande, o manceba. Para F. Domingo de Santo Tomás, Guarma o Guamara, es mozo o moza de pequeña edad. Traducción semejante, la ha dado Jorge A. Lira. Warma, vendría a ser: púber, adolescente, dé edad que oscila entre los 15 a 25 años.

Y en cuanto a caca: sierra; o bien ccacca: peñolería. Se me ocurre, por esto, que en alguna lucha librada por los moradores de esta zona con otra tribu a la que favoreció la suerte, ésta, después de aniquilar a los adultos, les arrebató a sus mujeres e hijas mayores, quedando solamente los niños adolescentes.
SONDOR
.- ¿deriva de Suntur? El padre Bernabé Cobo, afirma que Sinchi Roca inventó el Suntur paucar, (de plumería de colores). Cuando a los jóvenes armaban de caballeros, ofrecían sacrificios a Viracocha, los que iban precedidos por el Suntur Paucar, que significa: Cetro de mando. Me inclino a creer, más bien, que Sóndor, proviene de SONDOR PAUCA. Este célebre cronista, ha relatado la fiesta del ITU ("Ceremonia invocatoria al sol, para conjurar los males", según J. A. Lira). En esta fiesta, a continuación del ayuno, solían sacrificar "carneros" de determinados colores de acuerdo a las finalidades que pretendían lograr con la fiesta, y, a veces, niños: después, los que participaban en la ceremonia, se vestían con trajes propios para esta fiesta y lucían collares de conchas, en las manos llevaban una bolsa pequeña, a la que llamaban Sondorpauca. Quizá fue en Sóndor, donde por primera vez se implantó esta fiesta distinguiéndose sus moradores por la vistosidad, de estas bolsas.

CACHSAKOTO: de Cachas: espina o campos de espinas; y Koto pequeña colina o morro donde hay una aldea, caserío o villa que forma parte de una ciudad. Por consiguiente, Cachsacoto puede significar un caserío integrante de una ciudad, en una porción de tierra cubierta de espinas.

Y, finalmente, Pariamarca: Población moderna sobre ruinas antiguas.
Los huancapampas se asimilaron, con asombro del Inca, a sus sabias enseñanzas.
Garcilaso Inca de la Vega, apunta: "cultivaron la provincia de manera que fue una de las mejores que hubo en el Perú"; que "en breve tiempo fueron muy políticos", y que ésta provincia "fue una de las mejores que hubo en el Imperio de los incas". Valiosísimos juicios que rebasan de orgullo el corazón de los que hemos nacido en esta hermosa tierra, de panorama que no tiene paradigma en el país, donde aún florecen laboriosas comunidades indígenas.

IV
Alentado por los resultados positivos de esta fecunda obra civilizadora, este Inca generoso y severo, que castigaba con pena de muerte a los mentirosos, se dirigió con su ejército hacia los extensos dominios de los AYAHUACAS, colindantes con el reino de los quitus.

Aya: significa cadáver y huaca: ídolos, figurillas de hombres y animales que llevaban consigo; o, también (Gvaca templo de ídolos o el propio ídolo; y, asimismo Waka: dios familiar ó doméstico o e! idolillo que lo personifica; Osario donde se encuentran tesoros con penates y utensilios, De modo que los ayahuacas eran tribus muy afectas a llevar con sigo pequeños ídolos que encarnaban a sus dioses y que gustaban de enterrar en el sepulcro de sus muertos, en gracia a que sus ídolos los preservaban en vida de los males naturales y sobrenaturales que ellos temían.

Fiel a la costumbre de sus ilustres antecesores, nuestro Inca, en plena marcha envió algunos emisarios a requerir a los ayahuacas a fin de que se rindieran pacíficamente, evitando las consecuencias de un violento encuentro cruentoso y su secuela de peripecias: pérdida de cosechas, hambruna, etc. Empero, tan gentil proposición fue rechazada airadamente por los jefes de estas tribus y sus aliados, haciendo hincapié en que no necesitaban ningún beneficio de los que se les ofrecía, porque lo mejor que podían esperar de Túpac Yupanqui era que los dejara vivir en la libertad de que disfrutaban y que se regresara en paz, pues no querían someterse a sus designios.

Ante esta rotunda negativa, el ejército incaico no tuvo otra alternativa que acometerlos a sangre y fuego, sin ningún miramiento. Obstinada y valiente resistencia opusieron los ayahuacas y sus aliados parapetados en sus estratégicas fortalezas, dando lugar a que los guerreros del Inca pusieran en juego toda su estrategia y vitalizaran su incontenible impulso bélico. En esta lucha intensa sin tregua, el ejército real soportando considerables e insospechadas bajas que, al final, alcanzaron a 8 mil fue capturando con singular denuedo fortaleza tras fortaleza, replegándose los ayahuacas hacia elevados picachos, donde eran cercados, sin poder obtener abastecimientos, Tan dura lucha, fue prologándose, aumentando el éxito de las operaciones del ejército conquistador. En los centros poblados sólo quedaban las mujeres, los niños y los ancianos, expuestos a toda clase de angustias y sufrimientos. Sus cultivos se perdían con el abandono. Pero los empecinados ayahuacas preferían encontrar la muerte antes que perder su libertad. No obstante, al sentir progresivamente el ataque despiadado del ejército del Tawantinsuyu, veterano en contiendas de esta magnitud, y compulsando lo estéril de su porfiada resistencia, meditando en que otras naciones habían ganado provechosas ventajas sometiéndole pacíficamente al Imperio y a la voluntad del Inca, y como quiera que sus fuerzas iban debilitándose más y más, los capitanes de los ayahuacas resolvieron la anexión de la provincia al Imperio y acatar la voluntad, de su Rey. Algunos Soldados rebeldes, se negaron a seguir a sus capitanes y se amotinaron, pero, poco a poco, después, comprendiendo que si la lucha continuaba les sobrevendría la total destrucción, acabaron por rendirse.

El Inca recibió a los vencidos con mucha clemencia, habitual en él, deplorando que tan pertinaz resistencia hubiera causado miseria y desolación entre los infortunados ayahuacas. Y como un crecido número de ellos pereció en el fragor de la lid, mandó inmediatamente traer gente de otras provincias para que repoblasen esta provincia y las cultivaran sus tierras, que habían quedado en situación precaria.
Al mismo tiempo, dictó las providencias necesarias para el gobierno, extirpó sus idolatrías y estableció el culto al Sol.

Al término de esta acción, cuentan que el Inca se sintió sobremanera, mortificado, no tanto por los sinsabores que lo sobrecogieron, sino por las fatales consecuencias que sufrieron, los tenaces ayahuacas, con la disminución de su población y la postración, de su economía.

En seguida se retiró al Cusco constantemente solía decir que si en las provincias que existían más adelante de la de los ayahuacas, cundía el pernicioso ejemplo de su temeraria resistencia, se abstendría de llevar a cabo nuevas conquistas, hasta que sus habitantes demostraran un ánimo propicio para someterse voluntariamente al invencible Imperio.

Esta provincia, de Ayahuaca estaba compuesta, también, de diferentes naciones, pero tenían cierta organización política, sus habitantes estaban concentrados en pueblos y se habían construido sus propias fortalezas. Adoptaron la costumbre de reunirse periódicamente para tratar de asegurar el bienestar común y la integridad de su territorio. Y aunque no estaban supeditados a la autoridad estable de ningún Señor, sin embargo, por acuerdo general, designaban Gobernadores para los tiempos de paz y Capitanes para las emergencias de guerra, a todos los cuales tributaban rendida obediencia durante el ejercicio de los cargos conferidos espontáneamente por ellos.

V
La marcha de Huayna Cápac, por nuestros valles, será objeto de otro bosquejo. Con el presente, no me ha guiado otro anhelo, que contribuir á exaltar desde esta tierra yunca, una de las figuras más señeras de nuestra historia, que extendió sus dominios hasta territorios que forman parte de repúblicas hermanas.

Todavía ahora, miramos con asombro el movimiento de los conquistadores a través de nuestro territorio, pero olvidamos las proezas de Túpac Yupanqui, surcando el mar en sus ligeras balsas y abriéndose paso en la enmarañada selva de las provincias cuya conquista he tratado. Soñador indesmayable, consolidada la conquista de Huánuco, alistó otro poderoso ejército, retornando para avasallar la provincia Cañari (Ecuador), y después de propagar personalmente su religión y leyes, de embellecer Tumipampa (Cuenca), con templos, empleando piedras traídas del Cuzco, conforme ha narrado Cieza de León, regresa al Cuzco; de donde, tras una edificante tarea, regresa para ganar las provincias ubicadas entre Tumipampa y confines de Quito, propósito que cumple, dirigiéndose otra vez al Cuzco, volviendo nuevamente para realizar con 40 mil hombres la conquista del reino de Quito, llamando más tarde á su hijo Huayna Cápac y a 12 mil hombres de refuerzo. Dejó a su hijo en el gobierno, trasladándose definitivamente al Cusco, a la edad de 200 años, refiere Guamán Poma de Ayala, siendo evidente que murió muy anciano. Su cadáver embalsamado, fue visto por el Inca Garcilaso de la Vega.

Deslumbrado por la gloria de sus hazañas, no cesaré en mi empeño de que en Piura, muy en especial, en Huancabamba y Ayavaca, dos provincias andinas de un común destino, se honre la memoria del sabio Inca, figura prócer de la unificación de nuestros pueblos, en la medida que lo reclama su gloriosa estirpe.
En vida le llamaban Túpac Yaya (Padre que resplandece). Que su recuerdo resplandezca en nuestros corazones.

PRIMER FESTIVAL DEL LIBRO PIURANO
OCTUBRE DE 1958

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